La Evaluación Psicopedagógica,
Definición, enfoques, qué y cómo evaluar y el Informe Psicopedagógico.
El presente artículo aborda el tema de la Evaluación Psicopedagógica con un carácter predominantemente teórico, aunque tratando algunos aspectos de la misma de una manera más encaminada a la práctica. Las aportaciones que en él se hacen son de gran utilidad para la investigación y actividad orientadora, así como para la evaluación de la orientación. La autora no sólo define conceptos clave de la evaluación psicopedagógica, sino que además nos ofrece una visión crítica de la misma apoyándose en las investigaciones de otros autores.
María José López Martínez, autora del presente artículo, es una psicopedagoga licenciada por la Universidad de Granada, que cuenta con una amplia trayectoria profesional como orientadora de primaria y secundaria en diversos centros españoles. Además, cabe destacar que esta autora posee, entre otros, un máster en 'Intervención de Dificultades del Aprendizaje' y es la creadora de la página web www.psicopedagogia.com, portal que proporciona información y recursos útiles tanto a profesionales del sector educativo como a padres interesados en la educación y desarrollo de sus hijos.
En este artículo, María José López, nos habla de los distintos aspectos que constituyen la evaluación psicopedagógica. Para ello, y en primer lugar, expone varias ideas que definen y caracterizan la evaluación psicopedagógica mostrando la finalidad de la misma y abordando asimismo los distintos enfoques desde los que se puede llevar a cabo. Acto seguido establece las variables contextuales y relativas al alumno que han de ser evaluadas y comenta algunos de los métodos y técnicas de evaluación psicopedagógica. Finalmente, aporta un guión para realizar un informe psicopedagógico.
Respecto al primer apartado, definición y enfoques de la evaluación psicopedagógica, me gustaría comenzar resaltando la visión que la autora tiene de la evaluación. Ésta, apoyándose en el análisis de la evaluación realizado por Stufflebeam (1989), señala que “se trata de un término complejo [...], hay que poner mucho cuidado al recopilar la información y al clarificar y proporcionar una base lógica que justifique las perspectivas de valoración utilizadas para interpretar los resultados”; además, sostiene que al “evaluar, la valoración debe desempeñar un papel [...], la evaluación no es determinante, existen valoraciones distintas dependiendo de la posición valorativa que se adopte”. Considero que con todo esto la autora pretende no sólo hacer patente la dificultad que entraña evaluar, sino mostrar también que la calidad y validez de los resultados dependen de cómo se ha llevado a cabo la propia evaluación. Bajo mi punto de vista esta idea es clave ya que la evaluación es el eje que guía nuestro trabajo: evaluamos inicialmente para saber de dónde partimos, evaluamos durante el proceso para conocer cómo y en qué medida se progresa, evaluamos al final del mismo para conocer hasta dónde se ha llegado... con lo que si nuestra evaluación no es adecuada, nuestro trabajo fracasa, pues como bien señala la autora más adelante en el artículo “se trata de un proceso cíclico de obtención de datos y de valoración, seguidos de modificaciones en la enseñanza que, al ser evaluada en sus resultadas, dan lugar a un nuevo ciclo [...] hasta ajustar la respuesta educativa al problema y lograr optimizar el proceso de desarrollo y aprendizaje del alumno”
En este mismo apartado, María José López, utiliza la Orden del 14 de Febrero, 1996 y la Resolución del 30 de Abril, 1996 de la Dirección General de la Renovación Pedagógica del M.E.C para mostrarnos la Evaluación Psicopedagógica como “el proceso de recogida y análisis de la información relevante, relativa a los distintos elementos que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje para identificar las necesidades educativas de determinados alumnos que presentan dificultades en su desarrollo personal o desajustes respecto al currículo escolar por diferentes causas para fundamentar y concretar las decisiones respecto a la respuesta curricular y el tipo de ayudas que precisan para progresar en el desarrollo de las distintas capacidades”, definición que, a mi juicio, hacer ver que el punto de partida de toda evaluación psicopedagógica es detectar las necesidades del alumno para así proporcionarle la respuesta más adecuada, siendo por tanto éste (el análisis de necesidades), punto fundamental en toda intervención.
Otra idea que la autora señala y en mi opinión es importante, es que la finalidad de la Evaluación psicopedagógica es “orientar el proceso de toma de decisiones sobre el tipo de respuesta educativa que precisa el alumno para favorecer su adecuación de desarrollo personal [...] es necesario la adecuada complementariedad que sólo puede garantizarse desde el debate y los acuerdos compartidos entre el psicopedagogo y el profesorado, respetando las atribuciones profesionales de cada uno”. Ante esta idea me gustaría señalar que no sólo es importante respetar los límites del trabajo de cada uno o saber a quién le corresponde hacer qué (por ejemplo al psicopedagogo hacer el informe y al profesor correspondiente la ACI), sino que es fundamental que todo los expertos que van a tratar y trabajar con el alumno vean la necesidad y sepan el por qué de la actuación. Así se garantiza que todas las partes se impliquen en el proceso y vean como algo suyo la tarea que se lleva a cabo.
En relación a los enfoques que se pueden distinguir en la Evaluación Psicopedagógica, señalar que la autora, siguiendo a Vidal y Manjón (1992), cita cuatro grandes enfoques: Psicotécnico (psicométrico), Conductual, Potencial de Aprendizaje y Diagnóstico Pedagógico, mostrándonos conceptos y principios, procedimientos y los instrumentos más utilizados en cada uno de ellos.
Respecto al segundo apartado, contenidos o aspectos de la evaluación psicopedagógica, María José López, consultando a Robert Ruiz (1988), MEC (1992) y Verdugo (1995), establece que el proceso requiere tener en cuenta aspectos: a)relativos al alumno (competencia curricular, estilo de aprendizaje, historia previa de desarrollo y aprendizaje y evaluación del desarrollo); b) relativos al contexto (evaluación del contexto social y comunitario, evaluación del contexto familiar, entrevista en el contexto familiar); y c) relativos a la evaluación del contexto escolar. La autora nos explica qué son estas variables y por qué han de ser tenidas en cuenta en la evaluación psicopedagógica, y además, propone ejemplos prácticos de cómo han de ser llevadas a cabo, así como un modelo de guía para la entrevista a la familia.
En el tercer bloque, métodos y técnicas de evaluación, la autora, tras aclarar la terminología empleada para evaluar (test, técnicas o instrumentos), comenta que “el tipo de evaluación como la que he venido describiendo a lo largo del trabajo resulta lo suficientemente compleja como para descartar que pueda llevarse a cabo recurriendo sólo a unos métodos de evaluación y dejando fuera otros. [...]el proceso de valoración de necesidades educativas especiales debe plantearse como un proceso multimétodo y multitarea que define como finalidad aportar la mayor cantidad posible de datos relevantes para la toma de decisiones [...]”. Con esto, María José López, pretende decirnos que de lo que se trata es de obtener datos veraces y consistentes que permitan comprender la realidad que envuelve al sujeto y decidir la mejor manera de actuación posible, por lo que es conveniente utilizar los métodos y técnicas que más convengan en cada caso.
Algunos de los procedimientos de evaluación a emplear que comenta la autora son la observación participante, las entrevistas en profundidad, la observación formalizada, el análisis de documentos y las pruebas de rendimiento.
En relación al último apartado del artículo, el Informe Psicopedagógico, mas que proponer un modelo, María José López, apoyándose en el MEC, opta por presentar los distintos apartados que todo informe psicopedagógico debería tener. Defiende así que éste ha de recoger: información significativa, teniendo en cuenta la naturaleza contextual e interactiva del desarrollo y del aprendizaje del alumno, la valoración que de ella hacen los profesionales y las conclusiones más relevantes.
Siguiendo en esta línea, me parece significativo señalar que, según la autora, éste “tiene una doble naturaleza, administrativa y técnica, a través de la que, por un lado, se explica la situación evolutiva y educativa del alumno en los distintos contextos, y por otro, permite concretar sus necesidades educativas en términos de la propuesta curricular y del tipo de ayuda que va a necesitar”. Esta doble naturaleza del Informe, administrativa y técnica, muestra el por qué de la elaboración de los mismos: informar y definir, sirviendo así de base para las decisiones que se tomen en cuanto a la respuesta más adecuada que cubra las necesidades.
Como conclusión señalar una frase de la propia autora que considero que además de resumir su propia visión, refleja lo que una buena evaluación psicopedagógica ha de suponer; así pues comenta que ésta queda “alejada de la imagen tópica del orientador provisto de instrumentos diagnósticos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario