martes, 18 de enero de 2011

ReCenSiÓn FeLiCiDaD

Recensión de la felicidad

La clave para ser felices, según la nueva

psicología, es ser optimista, pues estas personas, tal y

como han demostrado varios estudios, viven más y

mejor.

Hasta ahora se estudiaban las enfermedades de la

mente, sin embargo los psicólogos positivistas se han

planteado estudiar cómo funciona un cerebro sano.

¿Qué es lo que diferencia a las personas con

capacidad para ser felices de las que tiene tendencia a no

disfrutar de la vida, deprimirse y ser desgraciados? Los

científicos buscan los mecanismos neurológicos que desencadenan la alegría de vivir más allá

de las circunstancias individuales de cada uno.

Y es que el empuje personal y la capacidad de sobre llevar los problemas son

cualidades que no todos tenemos en un mismo grado pero podemos hacer algo al respecto,

los psicólogos aseguran que podemos entrenar para ser más felices.

Primero proponen potenciar nuestra parte más hedonista practicando actividades que

nos reporten placer, desde las muestra de cariño hacia los nuestros a comer una tableta de

chocolate o disfrutar de la música que más nos gusta.

Como segundo paso cultivar las aficiones que más nos satisfacen personalmente en

vez de pasar nuestro tiempo libre con acciones que, si bien son placenteras, no aportan nada a

posteriori como ver la televisión. Está demostrado que hacer lo que a uno le gusta sin

importarle si sirve o no para algo, sólo por el placer de hacerlo, hace sentirse a uno más útil y

más pleno.

Por último, proponen buscarle un sentido a la vida más allá de uno mismo. Estudios

con diferentes comunidades indican que la gente que se siente parte de un grupo es más feliz.Si buscas la felicidad olvídate de un ascenso en el trabajo o de

probar a jugar a la lotería, está demostrado que en tres meses la

alegría inicial desaparece y retorna a sus niveles anteriores de

satisfacción con la vida, como si nada hubiese pasado.

Una vez alcanzados los ingresos medios que le permitan cubrir

la necesidades básicas no tenga envidia de los más ricos puesto que

no son más felices que usted, es sólo pura apariencia. Pero tampoco

se crea más afortunado que los habitantes del planeta de hace un

siglo, a pesar de que disfrutemos de comodidades que ellos ni imaginaban se declaraban igual

de contentos que usted.

Una vez descartado el dinero, olvídese también de estudiar una carrera o cambiar a un

clima más soleado o a otra cultura, ni la educación, ni el país, ni la raza influyen a la hora de ser

feliz ni siquiera un estado de salud optimo se la garantiza. Así pues, ¿qué le queda? Si bien de

la consabida trilogía: salud, dinero y amor, podemos eliminar los dos primeros términos

aférrese con entusiasmo al tercero, este sí parece determinar nuestra alegría más duradera.

El único elemento externo que diferencia a los más felices de los que no lo son es la

intensidad de sus relaciones sociales y el tiempo que se pasa con los seres queridos. Los que

tienen más amistades y los que tiene pareja están más contentos en todos los sitios y a todas

las edades.

La felicidad es algo mucho más

relacionado con el interior, con los

sentimientos más profundos que con los que

pasa a nuestro alrededor. Heredamos en gran

medida el estado de ánimo de los padres, se

calcula que entre un 25 y un 50 por ciento de

nuestra habilidad para ser feliz viene escrita

en los genes y, a partir de ahí, nosotros

ponemos el resto para estar más o menos contentos. A pesar de la carga genética puede

parecernos una traba, sobre todo si nuestros padres eran pesimistas y nosotros también existe

un margen de maniobra para mejorar nuestra satisfacción con la vida.

El cerebro es plástico, cambia a lo largo del tiempo podemos enseñarle a aprender de

las malas experiencias y potenciar y disfrutar los pensamientos positivos y las buenas

sensaciones, todo un reto que merece la pena probar.“Un optimista es un pesimista mal informado” o

“no soy pesimista soy realista” son afirmaciones muy

enraizadas en nuestro pensamiento, pero ¿son realmente

ciertas? ¿La realidad más objetiva conduce

irremediablemente al desaliento y a la desilusión? Pues

parece que no.

En primer lugar nuestras percepciones son de una subjetividad total. La vieja prueba

de la botella llena hasta la mitad ilustra perfectamente como el temperamento de la persona

moldea su perspectiva de las cosas y ante la botella de la vida pasa mismo.

Curiosamente lo que dicen los estudios es que las personas optimistas analizan los

aspectos negativos de las cosas mucho más que las pesimistas los aspectos positivos, así pues

el optimista es siempre más realista.

Hay posturas pesimistas generales que en el fondo reflejan miedo a una visión positiva,

basta citar frases muy comunes: “si me dejo llevar por el optimismo seguro que me

desilusiono” o “pensar positivo es engañarse a uno mismo”. Quienes las adoptan tienden a

distorsionar negativamente los hechos, porque no son nuestras ideas las que nos hacen

optimistas o pesimistas sino que es nuestro optimismo o pesimismo el que las modela.

Los optimistas confían más en encontrar soluciones, por lo que perseveran con más

tesón. La sensación de que controlan las circunstancias también les ayuda a mantener el

equilibrio emocional y se enfrentan y ponderan mejor todas las situaciones, porque antes de

tomar decisiones sopesan tanto los aspectos positivos como los negativos, mientras que los

pesimistas se limitan a ver únicamente los negativos.

Ahora los psicólogos están convencidos de que el poder reparador del optimismo ante

la adversidad es independiente de la edad, el sexo, la inteligencia, el nivel de formación o los

recursos económicos y afirman que la confianza en uno mismo, la interpretación positiva de

los procesos y, sobre todo, la esperanza nos protegen de los efectos nocivos de los infortunios.

Esta psicología positiva estudia los rasgos del carácter que ayudan a las personas a

sentirse bien. Se investigan los ingredientes de las mentes saludables. Los científicos de la

mente del nuevo milenio no solo se preocuparan por corregir lo peor de la condición humana

también se dedicaran a identificar y a promover lo mejor. No se trata de reinventar nada, en el

ser humano están presentes muchos de los mecanismos que contribuyen al bienestar solo se

trata de aprender de lo que hace la gente sana para hacer de eso algo mas científico que

destile conocimiento.Todos sentimos emociones y queremos ser siempre felices pero pensemos para qué

sirven las emociones, qué es lo que hacen en los mamíferos. Sabemos que, por ejemplo, las

emociones están reguladas por las partes más primitas de nuestro cerebro, las partes que

compartimos con todos los otros mamíferos e incluso con otros animales no mamíferos. Las

tendencias actuales en biología y psicología evolutiva consideran que las emociones son un

sistema de guía para el organismo, para aproximarse o evitar un estimulo del mundo. Las

emociones son una especie de brújula que orienta en una cierta dirección, pero una brújula

que siempre marca al norte no sirve para nada. Si las emociones siempre están en felicidad

dejan de servir de guía útil del estado de cambio del mundo.

He escogido este capítulo de REDES acerca de la felicidad porque considero

importantísimo y fundamental enseñar a nuestros alumnos a ser felices, indistintamente de

sus capacidades intelectuales o físicas. Como hemos visto anteriormente la felicidad no está

asegurada gracias a la salud, ni el dinero, ni la inteligencia de las personas. Enseñemos a

nuestros alumnos a concederle la importancia que se merece a las relaciones entre iguales, el

compañerismo, la cooperación y el amor, pues son claves a la hora de ser feliz, lo que sin duda

merece la pena en la vida.

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